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miércoles, 3 de noviembre de 2010

La realidad mediterránea de Bolivia y Paraguay

Sin dudas la realidad “mediterránea” de los países puede ser una contra a la hora de desarrollar su inserción internacional a través del comercio exterior.

La historia, además, está llena de casos de “naciones-potencias” gracias a sus poderosas flotas. Los barcos no sólo eran armas de guerra y colonización, sino “canales” de comercio exterior. De ahí el concepto de “marina mercante”. Lo son aún hoy: en todo el mundo, el 90% del comercio se materializa por vía marítima.

Para aquellos a los que la naturaleza, la política y la historia les reservó una ubicación mediterránea, la logística del transporte es un desafío todavía hoy. Las naciones más avanzadas desarrollaron al máximo la navegación interior fluvial para llegar a los puertos de sus vecinos con costas oceánicas.

En América latina, Bolivia y Paraguay, corren esta suerte de encierro. Una parte importante de la pobreza estructural tiene que ver con los mayores costos que enfrenta su comercio exterior.

Bolivia y Paraguay, no obstante, tienen hoy con qué llamar la atención: las reservas de litio del primero (el 50% de las reservas globales) hacen que desde las automotrices hasta las compañías de software operen de manera proactiva para lograr sacar ese insumo rápido y de la forma más barata posible; y Paraguay viene desarrollando una agricultura eficiente de forma muy rápida, y se está posicionando además como proveedor de carne de peso.

Una institución que tal vez no tiene toda la prensa debida en América latina es Iirsa, la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana, que funciona en el seno del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y analiza a fondo las necesidades de desarrollo de los pueblos latinoamericanos.

Con financiamiento disponible, pero que otorga según las prioridades, Iirsa podría hacer los esfuerzos necesarios para viabilizar la construcción de un puerto de aguas profundas en el Uruguay, en el marco del Urupabol (Uruguay, Paraguay y Bolivia), una mesa de debate donde se trató el tema a nivel de cancilleres.

Uruguay, lo dijimos aquí varias veces, quiere posicionarse como el enclave logístico por excelencia del Mercosur, y enriquecerse con la provisión de este tipo de servicios. Y su ubicación es clave, gracias a la hidrovía Paraná-Paraguay y al río Uruguay, para poder funcionar como autopista para la entrada y salida de productos a Bolivia y Paraguay.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

El salto de los recursos naturales al valor agregado

Agregar valor. Industrializar. Transformar una materia prima en un producto semielaborado. Fabricar productos “terminados”, con marca propia, fraccionados.

Estos conceptos que tan bien se ven en un manual de texto, y que tan lógicos suenan, continúa siendo el gran desafío de muchas regiones emergentes. En América latina hay varios exponentes de países que todavía no logran el salto industrial, o transformador en productos seriados de las materias primas, o commodities, sean ellas agrícolas, minerales o incluso industriales.

El trigo o la soja en la Argentina; el cobre en Chile; los minerales en Bolivia, son ejemplos de cómo pesan todavía en las cuentas públicas los recursos naturales.

No está mal contar con ellos y exportarlo. El problema es que no es sano para las cuentas del país porque son productos que están atados a un precio que se construye afuera, en los mercados de compra. Esto hace que la cotización oscile y, aún cuando el volumen aumente cada vez más, una crisis puede tirar por la borda la esperanza cifrada en la estrella de la economía de ese país.

Bolivia, por ejemplo, tiene una altísima dependencia de la exportación de recursos naturales que, para peor, no son renovables, según el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), el organismo de promoción del comercio de Bolivia.

El ingreso de divisas del país andino depende en un 80% de recursos extractivos naturales no renovables como los minerales y el gas. Así, el récord de balanza comercial en Bolivia se da en años de precios internacionales “muy buenos” como 2008, cuando lograron un récord de exportaciones, y “muy malos” en años de crisis: el componente precio es clave en estos productos.

Chile, en su momento dependiente del cobre (que hoy sigue siendo clave en su economía) marcó uno de los caminos posibles en lo que hace a diversificación de exportaciones para no caer en la monodependencia. A Chile le funcionó la acuicultura del salmón, por ejemplo, y las frutas finas.

Bolivia deberá buscar su propio camino. Por lo pronto, elaborar una política de promoción de exportaciones y participación en ferias internacionales, y trabajar junto con el sector privado para encontrar las vías productivas que más competitividad puedan darle a los productos con algún agregado de valor.

Existen en el mundo distintos sistemas y esquemas de apoyo a países menos adelantados para favorecer su comercio. La Unión Europea, Estados Unidos e incluso Canadá cuentan con sistemas generalizados de preferencias (SGP) que eliminan los aranceles para una serie de productos procedentes para este tipo de países todavía no desarrollados.

Autoridades de Bolivia señalaron hay casi 2300 partidas arancelarias que gozan de arancel cero con Canadá, por ejemplo, de las que sólo se aprovechan 17; con Estados Unidos son alrededor de 3000 productos, pero sólo se exportan 333 bajo el régimen.

No siempre el mundo desarrollado le baja los aranceles a los productos que un país emergente más quiere exportar. Pero también están disponibles programas internacionales de apoyo a las pequeñas y medianas empresas (pymes) justamente para aprovechar esos programas y generar nueva oferta.

Uno de ellos, de los más importantes, es el de la Unión Europea AL-Invest, un programa de cooperación que incluye capacitación para acceder a normas de calidad necesarias para exportar, y prepara incluso a las empresas para aplicar y acceder a los programas de crédito.

lunes, 12 de julio de 2010

El potencial minero de Bolivia

Junto con sus reservas de gas, Bolivia apuesta fuerte a una de las commodities industriales por excelencia: el mineral de hierro, que es a la construcción lo que la soja a la industria alimenticia.

Una de las principales empresas mundiales que se dedican a su extracción, la minera india Jindal, está presente en los yacimientos de Mutún, en Santa Cruz de la Sierra.

Evo Morales, presidente de Bolivia, tomó a la industria como política de Estado y pretende explotar parte de esos yacimientos con su par venezolano, Hugo Chávez. Ambos países negocian los términos de una exploración y comercialización conjunta.

Los yacimientos del Mutún –cuya explotación se divide en partes iguales entre la india Jindal y el Estado boliviano- albergan nada menos que 40.000 millones de toneladas de minerales, que van desde el hierro hasta el estaño, el cobre, la plata, el cloruro de potasio, fósforo y el zinc.

Pero el mandatario boliviano se ilusiona con la posibilidad de que existan reservas de oro en la mina. Y no deja de analizar las ofertas que llegan desde China y Australia para meter mano en los yacimientos minerales vírgenes del Mutún.

Sobre todo porque las cosas no están bien con la concesionaria india, cuyos compromisos de inversión para el trienio 2008-2010 estuvieron lejos de lo asumido: poco más de 12 millones de dólares de los 600 millones prometidos.

Más allá de estas irregularidades, las minas de Mutún enfrentan un serio problema que podrían espantar las actuales y futuras inversiones extranjeras, y que no se limitan a la seguridad jurídica o a la relación con el Gobierno: Bolivia tiene un serio déficit de infraestructura para sacar la producción exportable.

Sucede que los puertos fluviales bolivianos hasta ahora han trabajado con commodities agrícolas, de operación parecida pero no igual a la de los minerales.

Todo un llamado de atención para la comunidad portuaria y del transporte fluvial –léase hidrovía Paraná-Paraguay- ante un potencial que pugna por mostrarse en los cerros bolivianos